#NotaDelRedactor
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La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles fue víctima de un ataque con disparos durante la mañana de este sábado.
•La violencia parece estar consolidándose con una presencia cada vez más evidente en la provincia de Cartago.
La situación es alarmante: jóvenes asesinados, comunidades paralizadas por el miedo, una inseguridad creciente, el narcotráfico desarrollándose de manera silenciosa y la normalización progresiva de la muerte. Ahora, incluso el Santuario Nacional de la Virgen de los Ángeles, centro del fervor católico, no ha escapado a esta cruda realidad.
Es momento de reconocer que Cartago ya no puede seguir viéndose como aquella tranquila provincia alejada del impacto del crimen organizado y sus dinámicas más violentas. La realidad es frontal y exige atención.
En una democracia funcional, el Estado debe garantizar tanto el respeto como la tolerancia hacia todas las creencias religiosas e investigar con profundidad cualquier ataque a ellas, como el reciente atentado contra la Iglesia católica. Sin embargo, esta reflexión también toca una dimensión SOCIAL más amplia.
Como bien señala el presbítero Glenm Gómez Álvarez, es necesario cuestionarnos: ¿"Dónde estuvo la denuncia clara contra la cultura de muerte que empieza a echar raíces incluso en una provincia profundamente religiosa?.
El presbítero enfatiza además que ahora, más que nunca, "se necesita una Iglesia que no permanezca callada frente a esa misma cultura de muerte".
Sus palabras llaman a una institución más activa y cercana a las comunidades que han sido golpeadas por el miedo, la violencia y el abandono. No se trata solo de señalar el problema, sino de ser parte activa en la vida de quienes lo sufren.
Estos disparos no solo buscan intimidar a sacerdotes y líderes religiosos CATÓLICOS, sino que también tienen un efecto reprimente sobre una ciudadanía cada vez más desconfiada y frustrada por las crisis que enfrenta su entorno. Se busca silenciar a aquellos que cuestionan, analizan y debaten, desanimándolos de ejercer su derecho a protestar en medio de una creciente crisis social, tanto en Cartago como en el resto del país.
Los ataques contra los símbolos religiosos no solo plantean la necesidad de investigaciones rigurosas, sino que también nos impulsan a renovar nuestras consignas en la defensa de una democracia amenazada. Respeto y tolerancia hacia todas las creencias religiosas, un diálogo respetuoso, de alturas, y firmeza para no sucumbir al miedo deben ser fundamentales en esta lucha compartida.
Como afirma acertadamente el presbítero Gómez Álvarez, "defender lo sagrado no puede limitarse" a proteger edificios y lugares; implica primordialmente defender la dignidad humana allí donde es lastimada día tras día.
Créditos de fotos, Eco Católico, y otros.




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