Cartago se ha convertido en la "escuela" del crimen, ante la mirada cómplice de las autoridades.
Cartago, una ciudad que alguna vez se destacó por su tranquilidad, se encuentra ahora sumida en una alarmante transformación, convertida en lo que algunos llaman una "escuela" del crimen, ante la pasividad evidente de las autoridades.
Por tradición, Cartago fue un lugar sereno, donde reinaban el silencio y la paz. Su gente se distinguía por las buenas costumbres y valores inculcados desde el hogar por sus madres, padres y abuelos, y fortalecidos a través de un sistema educativo sólido que abarcaba desde la primaria hasta la universidad, gracias al compromiso de sus docentes.
Sin embargo, ese Cartago de antaño está viéndose arrinconado. En la actualidad, vivimos atrapados en un fuego cruzado; personas inocentes están perdiendo la vida y los ciudadanos honrados han adoptado como norma quedarse en casa, cada vez con más miedo de salir. Las visitas a locales y sitios de entretenimiento han disminuido drásticamente. Los delincuentes actúan sin temor, atacando no solo viviendas, sino incluso a comerciantes y pequeños negocios, como ocurrió anoche.
La inseguridad, los altos índices de delincuencia y la falta de limpieza urbana están causando un daño profundo a la economía cartaginesa.
El centro histórico de Cartago es un reflejo vivo de esta situación. Allí operan delincuentes que trabajan como falsos "guachimanes", vigilando movimientos alrededor de casas y comercios mientras consumen licor y drogas a plena luz del día. Balaceras y actos de violencia ocurren frente a la Municipalidad, cerca de la Comandancia de Fuerza Pública e incluso alrededor del Plantel Municipal donde opera la Policía Municipal. Si ni siquiera son capaces de proteger sus propios predios, ¿qué queda para el resto de los ciudadanos?
Las balaceras en pleno corazón de la ciudad y en barrios como Manuel de Jesús se han convertido en hechos recurrentes. Además, la problemática de quienes luchan contra adicciones no se aborda adecuadamente; estas personas agreden verbalmente a los transeúntes, obstruyen el tránsito, e incluso orinan en sitios públicos sin que nadie actúe. Las promesas de instalar más cámaras o implementar botones de pánico no pasan de ser simples medidas cosméticas.
Estas situaciones son una consecuencia directa de la creciente influencia de delincuentes y organizaciones criminales sobre los aspectos sociales y políticos de nuestra provincia.
Las soluciones necesarias trascienden las fotografías para las cámaras o el sonido de sirenas. Es fundamental que se presenten datos reales: estadísticas concretas y comparativas que muestren resultados palpables en la reducción de los casi 400 delitos ocurridos en lo que va del año. No podemos aceptar que el cantón central concentre aproximadamente el 50% de estos casos.
Los ciudadanos decentes exigimos acciones conjuntas que sean contundentes y efectivas. Nada grande puede lograrse en solitario; ha llegado el momento de demostrar resultados claros y tangibles para recuperar nuestra querida Cartago.
📸Delincuente que atacó anoche a un conosido comerciante. En la bolsa roja llevaba un puñal.
Las otras fotos son de indigencia y daños a puestos flores de Las Cholas costado norte del Mercado.
Gimnasio colegio San Luis Gonzaga.


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